domingo, 25 de febrero de 2018

LA CANTANTE CALVA ,EUGENE IONESCO

saben aquel del irlandés, el ruso y el rumano que se encuentran en París? No es un chiste o sí, si se quiere. Samuel Beckett, Arthur Adamov yEugène Ionesco son los tres personajes protagonistas de ese chascarrillo escénico que el crítico Martin Esslin denominó teatro del absurdo, una corriente, llamémosla así, empeñada, según Esslin, «en expresar el sentido del sinsentido de la condición humana, así como lo inútil del pensamiento racional proponiendo un abandono absoluto de la razón». De modo que el enteco irlandés, el ruso de origen armenio nacionalizado francés y el rumano con ojos de perpetua somnolencia perpleja suelen ser citados como el trío fundacional de esa forma teatral que inundó la escena con un escalofrío desconcertante cargado de munición metafísica de peso bajo la espuma de la incertidumbre y el estupor.

Clásico de vanguardia

El punto de partida tiene una fecha y un lugar precisos, el 11 de mayo de 1950 y el Théâtre des Noctambules, de París. Fue allí y entonces cuando desembarcó la nueva corriente dramática unida a un título, «La cantante calva», primera pieza teatral de Ionesco. La obra, convertida en un clásico de la vanguardia, continúa en cartel desde hace sesenta años en el Thèâtre de la Huchette, donde la repuso en 1957 el director del estreno, Nicolas Bataille, quien durante medio siglo -hasta 2007, meses antes de su muerte- encarnó con puntual constancia al monsieur Martin de la comedia.
«Es una gran comedia que encierra una gran tragedia, la de la incomunicación», apunta Luis Luque
La obra se llama así porque, como reveló el autor, «ninguna cantante, calva o cabelluda, hace aparición» sobre el escenario. Pero, salga o no, «La cantante calva» sigue en sus trece y visita el Teatro Español de la mano de Luis Luque (Madrid, 1973), quien, a partir de la traducción y versión de Natalia Menéndez -que recomienda no caer en la trampa de buscar explicaciones, pues de lo que se trata es «de sentir algo de asco mezclado con risa»-, dirige un reparto integrado por Adriana Ozores, Fernando Tejero, Carmen Ruiz, Joaquín Climent, Helena Lanza y Javier Pereira.


Luque, algunos de cuyos más recientes trabajos de dirección son «Insolación» de Emilia Pardo Bazán, «El pequeño poni» de Paco Bezerra y «Alejandro Magno» de Jean Racine, explica que esta obra de Ionesco es una de las que gravitan en su memoria desde que empezó a leer teatro con 14 o 15 años y quedó deslumbrado por ese texto.

Sinsentido con sentido

«Hablar de la actualidad de "La cantante calva" puede resultar un tópico, pero es una de esas piezas que parecen escritas ayer porque rebosa contemporaneidad. Es una gran comedia que encierra una gran tragedia, la de la incomunicación. Ionesco se sorprendía de que la gente se riera con "La cantante calva", pues él había escrito una tragedia en la que el sinsentido está lleno de sentido y nos habla de la soledad, el desamor, la destrucción del lenguaje y otros desastres de la condición humana», comenta Luis Luque.
«Es una obra muy exigente y llena de estímulos -continúa el director-, con un trasfondo de existencialismo y un estremecimiento de humor inquietante. Los personajes, como nosotros muchas veces, no son conscientes de lo que dicen, pero en algún pasaje, al menos por diez segundos, se dan cuenta del horror y de que están prisioneros en una trampa cíclica. La risa de esta función tiene siempre un eco turbador». A este respecto, el propio autor daba una clave de su método de inversión de la lógica tradicional al afirmar que hacía «de un texto burlesco, un juego dramático; y de un texto dramático un juego burlesco».

Diálogo con Ionesco

Luis Luque está de acuerdo en considerar este título un clásico vivísimo, pues «pertenece al imaginario del teatro universal y, como otros clásicos, habla de las raíces del ser humano y utiliza los elementos de la naturaleza. El teatro lanza preguntas y Eugène Ionesco lo sabía muy bien. Yo tengo una foto del autor en mi escritorio y alguna vez hablo con él. Sus respuestas están en el texto, algo que yo respeto enormemente, porque no me gusta colocar las ideas del director por encima de la obra. Lo aprendí cuando trabajaba con Miguel Narros y Andrea D’Odorico. ‘En el texto está todo’, me decía Miguel».
El rumano que se nacionalizó francés puso de manifiesto cómo la incomunicación se disfraza de palabrería, algo inscrito en su visión pesimista de la vida, pues era consciente de la soledad esencial de las personas y la ridiculez existencial de los seres humanos. Ionesco tenía muy en cuenta que «renovar el lenguaje supone renovar la concepción del mundo». Por eso, se ocupó de dar la vuelta a los dobladillos del lenguaje para eviscerarlo de su significado y poner de manifiesto la futilidad maligna agazapada tras muchas convenciones, porque como advierte la criada al maestro en «La lección«, la obra que estrenó tras «La cantante calva», «la filología lleva a lo peor».

lunes, 24 de julio de 2017

Alejandro Magno


¡Cuántos Alejandros Magnos necesitaría hoy la política española para resolver su podredumbre intelectual! Sólo con que alguno de sus líderes pudiera aplicar una mínima brizna del talento intelectual del glorioso macedonio y de su brillante capacidad para resolver las mayores de las dificultades inimaginables -y no sólo militares- nos daríamos por satisfechos. O simplemente con que ellos, o sus asesores, se hubieran leído algunas de sus eficaces estrategias políticas para alcanzar acuerdos que parecen imposibles, aunque sea partiendo desde el más profundo de los odios para llegar a más ecuánime y generoso de los acuerdos. De hecho, aún podrían están a tiempo nuestros representantes de alcanzar un consenso y sacar al país de la ingobernabilidad si se acercan hasta el domingo a Mérida y se limitan a escuchar. Algo habríamos ganado con ello.
Porque la dirección de la obra que ejecuta Luis Luque para la representación de Alejandro Magno es sencillamente espectacular. Su relato atrapa al espectador de principio a fin, resolviendo la nada sencilla trama que representó la histórica batalla -la última- del legendario rey macedonio en su conquista de la India, la última tierra conocida, el último reino donde se encontraba por entonces el límite del fin del mundo.
Ya parece una contradicción que esta monumental figura legendaria no se hubiera representado nunca en este certamen. Y su estreno no ha podido ser más satisfactorio, solventado con eficacia por el estupendo papel que juegan los actores corales en la representación. La mayoría de ellos (Félix Gómez, Armando del Río, Aitor Luna, Unax Ugalde y hasta Diana Palazón) se han forjado en series de televisión, lo que no les impide, al contrario, el contar con el talento suficiente para que el enorme escenario del Teatro Romano no les engulla.



Y, por momentos, hasta consiguen brillar con luz propia, como sobre todo en el caso de Félix Gómez, que logra los mejores momentos de Alejandro Magno cuando interpreta las dudas del todopoderoso guerrero en la noche antes de la gran batalla; cuando todo ese poderoso mito, ese coloso admirado por el mundo, muestra sus dudas y contradicciones, cuando se asusta como un niño cuando no ve las estrellas; cuando no puede dormir porque se convierte en carnal, humano y temeroso, cuando mira en su interior, dentro su corazón: "Ni yo mismo sé quién soy". O cuando, en otro de los grandes momentos, comparte sus conflictos interiores con el del general Armando del Rey (Hefestión), que le transmite la intención de sus soldados -que le adoran- de regresar a casa. La escena transmite que Hefestión y Alejandro son algo más que amigos...
 Critica diario el Mundo

lunes, 17 de julio de 2017

A MODO DE PRESENTACION

Luis Luque, Madrid 1973, es director de escena, coach de actores y actor. Es diplomado por la escuela de teatro Mar Navarro en la técnica de Jacques Lecoq. Formación en interpretación con Zulema katz y Clara Cosials. Cursado estudios en el Estudio de Juan Carlos Corazza. Formación en teatro de comedia y técnicas del clown con Hernán Gené. Formación en técnica vocal y métrica española con Vicente Fuentes.
Como director de escena ha dirigido, La Cantante Calva de Eugene Ionesco, Alejandro Magno de Jean Racine. El pequeño poni, El señor Ye ama los dragones, Ahora empiezan las vacaciones y La escuela de la desobediencia, textos de Paco Bezerra. Insolación de Emilia Pardo Bazán. Diario de un loco de Nikolai V. Gógol. Porno Casero de Jose Padilla. Ni príncipes ni azules de Rosa Sáez. No digas que fue un sueño de Constantino Cavafis.
Con Mónica Runde crea No quiero olvidar pieza coreográfica que forma parte de Episodios, espectáculo que celebra el veinte aniversario de la compañía 10&10 Danza.
En su etapa como ayudante de dirección ha trabajado en más de treinta producciones.
En el año 2005 entra a formar parte del equipo de Miguel Narros con el que trabaja como ayudante de dirección hasta el fallecimiento del director español en el año 2013. Con Narros trabaja en trece producciones teatrales, autores como Luigi Pirandello, Oscar Wilde, García Lorca, Sanchis Sinisterra son parte del repertorio de Narros, su última producción fue La dama duende.
También en el año 2005 conoce a Natalia Menéndez y se convierte, como ayudante de dirección, en colaborador habitual. Con Natalia Menéndez trabaja en más de seis producciones en títulos como Las cuñadas, Realidad, Don Juan Tenorio, La Sospecha o Tres versiones de la vida.
Con Salva Bolta trabaja como ayudante de dirección en Münchhausen, Amortal y Días felices.
Ha sido ayudante dirección de Francesco Saponaro en Yo, el heredero y de Andrea D´Odorico en Ilíada. Con Carlos Saura trabajó en El gran teatro del mundo.
Durante dos años colaboró con la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España siendo ayudante de dirección en la gala de los Premios Goya. También para televisión trabajó en la dirección de casting de Vientos de Agua serie para televisión dirigida por Juan José Campanella



LULU

Está siendo un viaje apasionante persiguiendo vampiras, serpientes, mujeres letales, mitos patriarcales, hombres con hachas y demás cuentos de siempre. Paco ha parido un thriller fantástico y provocador que interpreta un elenco soñado.Tengo un equipo de creadores de puesta en escena que son lo mejor de mi mundo: Mariano Marín en la composición de música original. Monica Boromello, mi escenógrafa poeta. De nuevo el mago de Felipe Ramos en las luces del misterio y el nuevo gran talento en los figurínes de Bea Robledo. Produce Celestino Aranda Torres.
Doy las gracias a todos ellos.

Todas las noches de un dia

nuevos proyectos, nuevas ilusiones